A DEFENDER LA DEMOCRACIA Y LA POLITICA

Los grados de corrupción que han alcanzado las instituciones del Estado no tiene parangón en nuestra historia reciente, salvo en las tiranías. En el gobierno, diputados y senadores, alcaldes, intendentes, gobernadores, ministros, subsecretarios, prácticamente en todos los cargos del aparato público ha caído un baldón, una afrenta, que daña la POLÍTICA. Sí, daña la política, esa noble actividad humana que tanto Platón como Aristoteles, hace casi 2.400 años atrás, le dedicaran miles de páginas para enaltecerla como una función noble inherente a nuestra condición humana, al punto que Aristóteles la consideró idéntica a la ETICA. Es decir, la política es consustancial al ser humano que vive en comunidad, que se desarrolla con otros, que crece con otros, que con-vive con otros. Por tanto, nunca podría entenderse esta noble actividad, solo desarrollada por la especie HUMANA, desprovista de un valor, la ética, que le es, al mismo tiempo, consustancial.
Por tanto, no se puede ser un GRAN POLÍTICO y al mismo tiempo ser CORRUPTO. Son antípodas.
Defender hoy la POLÍTICA de aquellos que la han mancillado es un desafío impostergable, intransferible, no se puede delegar a otros, nos corresponde a todos y cada uno de nosotros asumirlo, para recuperar la POLÍTICA para el pueblo, recuperarla para que quienes la ejerzan sean sujetos probos, intachables. Los actuales, salvo honrosas excepciones están descompuestos, huelen a putrefacción y como toda putrefacción hay que erradicarla, y debemos ser nosotros: los de abajo, los que jamás nos hemos manchado las manos con dinero sucio quienes lo hagamos. Hoy, hay una estrategia por acabar con los derechos fundamentales de la sociedad, una estrategia contra los trabajadores, contra los estudiantes, contra los pobladores, contra los débiles, contra los más pobres. En menos de un mes este Congreso corrupto ha aprobado varias leyes atentatorias a nuestros derechos y seguirá haciéndolo en tanto no nos rebelemos, ya hay indicios de que no soportaremos más, pero es insuficiente, debemos avanzar hacia formas de DESOBEDIENCIA CIVIL contra este Estado descompuesto que no se cansa de hacernos difícil nuestra existencia. La ley laboral, la ley que permite la detención por sospecha, la ley para castigar a quienes filtren información de corruptos, son leyes que buscan franquear a los sectores dominantes, a empresarios corruptos y políticos corruptos. Si no hacemos nada, las consecuencias pueden ser peores. A propósito de los griegos, la sociedad ateniense se desmoronó justamente por la corrupción de la casta política, fue la indolencia, la pasividad del pueblo la que permitió que los corruptos se hicieran del poder de las instituciones para luego de corroerlas completamente, éstas se derrumbaran completamente aplastando como suele suceder a los más débiles a los más abusados, a los más pobres. No permitamos que una vez más la historia se repita. Hagamos conciencia de que somos la mayoría los honestos, somos la mayoría los que no abusamos, que no explotamos y, que en consecuencia necesitamos y tenemos derecho a vivir en paz y ser felices.
Que no haya mas corrupción, también depende de nosotros.

 

Luis Mesina